Cuando la violencia paramilitar se ensañó con el Atlántico

   Germán Gómez Polo – Twitter: @TresEnMil – ggomezp@elespectador.com

En plena Semana de la Memoria de la Universidad del Atlántico, El Espectador revela apartes de un extenso testimonio que dejó el condenado exparamilitar Carlos Arturo Romero Cuartas, alias «Montería», sobre los estragos que causó el Bloque Norte especialmente en Barranquilla.

Carlos Arturo Romero Cuartas, alias Montería, dice que fue reclutado en Atlántico cuando tenía 24 años, por Carlos Rodolfo Campo Ortiz, alias Moncho, quien fungía en esa época como el comandante militar en ese departamento de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). En 1999 llegó el frente José Pablo Díaz (que en ese tiempo no tenía nombre aún), fue“patrullero urbano” en Barranquilla, luego comandante militar en Ciénaga (Magdalena) y, posteriormente, segundo comandante militar en Sabanalarga (Atlántico) para, finalmente, regresar a los comandos en Barranquilla.

Después de un entrenamiento en San Ángel (Magdalena) se hizo testigo de varios crímenes y autor de varios otros. Así se lee en el documento de uso exclusivo de Policía Judicial en donde se consignó el interrogatorio que alias Montería entregó a Justicia y Paz a las 10 de la mañana del 5 de mayo de 2010, a la que tuvo acceso El Espectador y que publica a un mes de que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) recibiera el informe sobre la represión por parte del Estado a universidades públicas y sindicatos, que tiene en Atlántico un capítulo especial, y en plena Semana de la Memoria en la principal universidad pública de su capital, la cual también fue víctima de Montería y las AUC.

“Siempre vestía de civil. Solo usaba un brazalete con las insignias del bloque cuando estuve por Sabanalarga porque de urbano no lo hacía, utilizaba el brazalete por orden del comandante cuando hacíamos desplazamientos para que la población civil se diera cuenta de que estábamos en la zona, en el brazalete decía ACCU (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá)”, dice Montería, quien varias veces ha mencionado la complicidad de miembros de la Fuerza Pública. “Con nosotros, los del grupo de la urbana, trabajaba un agente de apellido Pacheco. Él era del Gaula de la Policía, con él se cometieron varios homicidios en la ciudad de Barranquilla. Dicen que está muerto”, señaló.

Contra la Universidad del Atlántico

El testimonio de Montería es un doloroso recordatorio de las personas que perdieron la vida por la violencia paramilitar en el Atlántico, que se cuentan por decenas. El exparamilitar dio dio nombres de las personas asesinadas. “Los homicidios como el de Ricardo Luis Orozco Serrano, en 2001; Jorge Adolfo Freytter Romero, en 2001; Fabián Pardo, en el año 2003, en el que desaparecieron siete personas (tres mujeres y cuatro hombres), que iban en un camión hacia la Sierra y los capturaron del lado del peaje y se los llevaron para Calamar”, están anotados en el testimonio. Y entregó más pistas sobre agentes del Estado que colaboraban con el paramilitarismo.

“También trabajó con las Autodefensas el sargento del Gaula del Ejército de apellido Olmos, él coordinaba con alias Moncho en información. No tengo conocimiento de que haya participado en algún hecho o al menos no conmigo. De la Sijín, el agente de nombre Jesús Orozco Holguín, él fue muerto ya”. En la lista de crímenes que mencionó alias Montería es evidente, además, la inquina que hubo en contra de personas pertenecientes a la Universidad del Atlántico, una institución que es sujeto de reparación por ser víctima del terror paramilitar en la Costa Caribe.

Cuenta, por ejemplo, cómo mataron al profesor Lisandro Vargas el 23 de febrero de 2001: “Lo asesinó alias Toto (Héctor Alejandro Campo Ortiz) y alias Chuky (Gabriel Berrío) manejó la moto. También participó Carlos Palma (alias Rubén), que era trabajador de la Universidad del Atlántico, pero pertenecía a las Autodefensas y fue la persona que dio la información de dónde residía el señor Lisandro Vargas. La orden fue dada por Moncho (que) me había dado la orden a mí se asesinar al señor Vargas. Alias Rubén (es decir, el funcionario de la misma Universidad del Atlántico) fue quien me señaló al profesor”.

También relata el crimen de Reinaldo Serna López, estudiante de esa universidad, el 9 de noviembre de 2002. “La orden la dio Moncho, según porque era ideólogo de izquierda (…) El señor estaba sentado frente a su casa, yo no vi cuando lo asesinaron porque yo estaba a media cuadra esperando que George lo asesinara para ir a recogerlo y cuando escuché los disparos lo fui a recoger. Había un tumulto de personas detrás de él, como que disparó e hirió a otra persona. Yolo recogí y fuimos para Costa Hermosa, a la casa de la mamá de Moncho. Quiero señalar que Carlos Palma (de nuevo) fue la persona que dio la información y la ubicación de la víctima”.

Montería participó, asimismo, en el crimen de Antonio Mesa Consuegra, presidente de la cooperativa de la Universidad del Atlántico. Contó que en ese asesinato tuvo que ver un policía del que no tiene nombre ni apellido, pero que era “alto, de contextura atlética, color moreno claro (…) Sé que era policía porque es quien da la información a Toto porque ese día el señor Mesa sale de la oficina en su vehículo y se nos perdió, entonces el policía le dice a Toto que pasáramos por su casa, que había que asesinarlo porque él iba a hacer una serie de denuncias y ahí estaba implicado un familiar de ese policía”.

Según Montería, Mesa estaba sentado en una silla frente a su residencia: “Yo me fui a la casa del señor a pie y le disparé tres o cuatro veces y la moto, que era conducida por Villanueva (Raúl Villanueva) me recogió”. Mesa era, además, el hermano de Carmen Mesa, presidenta en Barranquilla del Sindicato Nacional de Trabajadores y Empleados Universitarios de Colombia (Sintraunicol).

Luego, Montería llegó a uno de los casos más sensibles: el asesinato del profesor Jorge Freytter, cuya familia lucha para que este sea declarado como de lesa humanidad. Justo la semana pasada su hijo, también llamado Jorge, presentó un recurso en España (de donde es ciudadano) con la esperanza de que, por vía del concepto de justicia universal, las investigaciones avancen contra los paramilitares y los integrantes de la Fuerza Pública que se involucraron en el homicidio de su padre.

Montería relató que al profesor Freytter lo torturó Moncho para “sacarle información”. “Yo supe porque Moncho me llamo para que yo cuidara al señor Freytter en una bodega que queda en la Vía 40, y lo encontré maltratado y torturado, estaba vivo, consciente. Me tocó cuidarlo por espacio de cuatro o cinco horas (…) Después fue asfixiado por Pacheco, que era agente activo del Gaula, y Chuky. Lo montaron en la parte trasera de un carro en el que había llegado Pachecho y se lo llevaron para la vía a Ciénaga, por allá lo arrojaron a la orilla de la carretera (…) Con el señor se equivocaron. Moncho lo cogió porque lo confundió con alias Peter”.

Eliminación de sindicalistas

Montería aseguró que participó en varios otros crímenes contra sindicalistas. Entre ellos, Ricardo Luis Orozco Serrano, vicepresidente de la Asociación Nacional Sindical de Trabajadores y Servidores Públicos de la Salud y Seguridad Social Integral y Servicios Complementarios de Colombia (Anthoc), el 2 de abril de 2001. Indicó su papel fue guardar la moto y el arma que se usarían en el homicidio. “Las cosas no salieron como se pensaban (…) El modus operandi era que el carro dejaba a alias El Paisa cerca de la víctima y el carro y la moto irían detrás. Cuando él cometiera el homicidio, la moto lo recogía (…) La moto se espichó y el señor Ricardo había salido de su casa e iba con una muchacha”. Igual, lo mataron. En el documento también están los detalles del homicidio de Manuel Santiago Pájaro, perpetrado el 16 de agosto de 2001, miembros del Sindicato de Trabajadores de la Alcaldía de Barranquilla. Según Montería, la orden de matar al sindicalista se la dio Moncho a Toto, quien organizó el crimen con él, Chuky, Villanueva y El Mono (Eduardo Carvajal). “Fuimos los tres porque pensábamos meternos dentro de la casa, pero como él estaba afuera, no hubo necesidad. Yo también estaba armado, pero no disparé. No sé cual era la razón de darle muerte, pero sí sé que Moncho acosaba mucho por la muerte de ese señor”, narró Montería. En el testimonio del paramilitar, quien paga más de una pena (por los asesinatos de Ricardo Orozco y de Jorge Freytter), también hay relatos sobre crímenes de los que conoció, pero no participó de manera directa, como la masacre de siete personas que presuntamente iban en un furgón y que, según los paramilitares, llevaban armamento y material de intendencia para la guerrilla o el asesinato de un menor de edad y su padrastro en cercanías al corregimiento de Puerto Giraldo, en Ponedera (Atlántico). “Camboya me comentó que Toto le había dado la orden a él de asesinar al niño, pero Camboya le dijo a Omer que lo hiciera él y le daba diez días de permiso de él, para no tener que él hacerlo. Supe que Omer los mató a los dos. Eso fue en el año 2000 y los mataron porque, según Moncho, el padrastro era guerrillero”, la versión con la que los paramilitares se dieron licencia de asesinar civiles a diestra y siniestra por todo el país. Para que, cuando ya habían depuesto las armas, varios de sus líderes admitieran que operar así fue un grave error.